Luis Garrido tenía todos los pronósticos en contra para volver a jugar fútbol. Una brutal lesión jugando con la Selección de Honduras ante la selección mexicana en San Pedro Sula parecía el final de su carrera. Sin embargo, el propio afectado lo vio al contrario de cómo lo miraban todos.
El jugador se auto superó y en tan solo 7 meses tras la rotura de los cuatro ligamentos de su rodilla derecha en 2015, por lo que de esa lección concluyó que "es lo mejor que me ha pasado en la vida".
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Garrido, lejos de echarse a lamentar por aquella grave fractura, de la que incluso recibió injertos de otros humanos, supo sacarle provecho y desde entonces se volvió en un positivista y un entregado a la cultura física.
"Tenía que verlo así, tenía que aprender del momento", dijo el jugador que está a la espera de fichar con Motagua tras su regreso del Córdoba de España.